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Sobre milicias y guerras absurdas


CRÍTICA TEATRAL

OBRA: MILICIANO
AUTOR: Joaquín Blanes
COMPAÑÍA: Varia Invención (Distribuidora)
REPARTO: Jesús Redondo
ESCENOGRAFÍA: Sara Vidal
PRODUCCIÓN: Nacho Bauzano/Vito Domínguez
DIRECCIÓN Y DRAMATURGIA: Joaquín Blanes
LUGAR: Sala El Cachorro (Sevilla)
DÍA: 22-6-2013 (pase de las 22:00)
DURACIÓN: Cincuenta minutos
CALIFICACIÓN: * * * * (Sobre 5)

Jesús Redondo, en "Miliciano"España, segunda mitad de los años 30. En el frente, una trinchera, con sus barreras de protección, su pala para ser cavada. Y su correspondiente soldado, un joven con su soledad, su “menú” de supervivencia alimenticia -pan y latas de atún en conserva-, su tabacalera y, sobre todo, los recuerdos de sus seres queridos y las vivencias como miliciano en medio de una contienda absurda que nada bueno puede llegar a traer.

Así nos presenta Joaquín Blanes este alegato contra los conflictos armados en general, y la Guerra Civil en particular. Un texto que el director deja en manos de un notable Jesús Redondo, quien es capaz de combinar a la perfección el humor y dramatismo a partes iguales que Blanes, sobre el papel, lleva al extremo de su fusión absoluta en el momento decisivo de la acción, en su clímax.

Una historia que a ratos conmueve, y a ratos -como si fuera el gran Miguel Gila en sus archiconocidos “sketches”- arranca una sonrisa. E incluso, tal y como afirma Sir Charles Spencer Chaplin en su inolvidable El chico, también alguna que otra lágrima.

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Bella y emotiva apología del Quijote… y de Cervantes


CRÍTICA TEATRAL

OBRA: YO SOY DON QUIJOTE DE LA MANCHA
AUTOR: Miguel de Cervantes/José Ramón Fernández (Dramaturgia)
COMPAÑÍA: Metrópolis Teatro (Distribuidora)
REPARTO: José Sacristán, Fernando Soto, Almudena Ramos y José Luis López (Violonchelista).
MÚSICA ORIGINAL: Ramiro Obedman
ESCENOGRAFÍA: Javier Aoiz
VESTUARIO: Mónica Boromello
DIRECCIÓN: Luis Bermejo
LUGAR: Teatro Lope de Vega (Sevilla)
DÍA: 11-5-2013
DURACIÓN: Hora y tres cuartos, sin intermedio.
CALIFICACIÓN: * * * * * (Sobre 5)

No es el caso de quien suscribe estas líneas porque servidor de ustedes suele tener buen tino a la hora de escoger sus obras, pero para quien por un casual se hubiere desencantado del teatro por malas experiencias, no hay mejor forma de congraciarse con este bello arte que asistir a esta función, clara candidata a ser nombrada como mejor obra teatral de todo 2013. Como tampoco hay mejor forma para reivindicar y recordar, sobre las tablas, la que es la obra por excelencia de toda la literatura española.

Que tenga por seguro todo aquel amante del Quijote y del buen teatro que es verdaderamente imprescindible, si se lo puede permitir, asistir a esta magnífica adaptación de José Ramón Fernández que tiene la gran virtud de recoger y repasar todo lo más importante que ocurre en el texto de don Miguel de Cervantes en menos de dos horas, respetando en la medida de lo posible la palabra del Príncipe de las Letras españolas, sin violar su espíritu en ningún momento -antes al contrario- y adaptando la dramaturgia a las cualidades de un verdadero maestro de la interpretación como José Sacristán.

Sacristán es, después del inigualable Fernando Rey en la maravillosa obra televisiva de Manuel Gutiérrez de Aragón, el mejor Don Quijote que han visto estos ojos. Dominando la escena y el tempo interpretativo desde el inicio, el veterano actor madrileño da una nueva lección adoptando el alma del célebre y mítico hidalgo de La Mancha, en el que se transforma hasta el punto de fusionarse los dos en un mismo ser. Y recibiendo, asimismo, una réplica a la altura gracias a Sancho Panza y su hija Sanchica; o, lo que es lo mismo, a Fernando Soto y Almudena Ramos. Y también a José Luis López, el violonchelista, que termina por ser, en cierto modo, un personaje más.

De izquierda a derecha: Sanchica (Almudena Ramos), Sancho (Fernando Soto) y Don Quijote (José Sacristán)Todo con una escenografía tan discreta como adecuada al mismo tiempo para este espectáculo que introduce el metateatro como “modus operandi” en su inicio -teatro dentro del teatro para combinar realidad y ficción-, y para el que hay que dar las gracias a Natalia Menéndez, directora del Festival de Teatro Clásico de Almagro y “madre” de una idea impecablemente llevada a la práctica tanto desde la técnica como desde la emotividad que rezuma cada momento de su puesta en escena. Una idea con la que no sólo se reivindica al personaje, universal y autóctono, el “loco-cuerdo” por excelencia de la ficción española… sino también, indirectamente, a su “padre”.

Porque si a don Miguel no se le hubiese ocurrido embarcarse en lo que iba a ser en principio una novela corta -al estilo de las Ejemplares- no habríamos tenido ni a Don Quijote, ni a Sancho, ni nada de todo lo bueno que se puede disfrutar en la que para mí y para muchos es la NOVELA por antonomasia. En definitiva, no habríamos tenido al Quijote: ni a la obra, ni al personaje, ni al mito. Ni tampoco, huelga decirlo, esta delicia teatral nacida en pleno corazón de La Mancha y que, como el Caballero de la Triste Figura, lleva recorriendo la geografía nacional desde julio del pasado año. No para “desfacer entuertos”, pero sí para deleitarnos y hacernos disfrutar durante casi dos horas, que también hace mucha falta en los tiempos que corren.

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Paradigma de la reflexión existencialista


CRÍTICA TEATRAL

OBRA: EL MALENTENDIDO
AUTOR: Albert Camus
COMPAÑÍA: Centro Dramático Nacional
REPARTO: Cayetana Guillén Cuervo, Julieta Serrano, Ernesto Arias, Lara Grube y Juan Reguilón.
MÚSICA: Alba Fresno (Viola de Gamba) y Scott A. Singer (Acordeón).
ESCENOGRAFÍA: Carolina González
VESTUARIO: Lorenzo Caprile
VERSIÓN: Yolanda Pallín
DIRECCIÓN: Eduardo Vasco
LUGAR: Teatro Lope de Vega (Sevilla)
DÍA: 3-5-2013
AFORO: Unos tres cuartos
DURACIÓN: Hora y media, sin intermedio.
CALIFICACIÓN: * * * * (Sobre 5)

Elenco de "El malentendido", inclusive los músicosExistencialismo puro y duro; es lo primero que ha de pasar necesariamente por la mente después de visionar sobre las tablas este texto de uno de los grandes nombres, como lo es Albert Camus, de esta corriente filosófica a caballo entre la segunda mitad del siglo XIX y la primera mitad del XX. Una constante reflexión facilitada por aspectos como las reminiscencias bíblicas de la conocida parábola del Hijo Pródigo, o la siniestralidad que emana de las acciones criminales de la madre y la hija protagonistas, castigadas a la postre de la peor y más cruel de las formas posibles.

Pesimismo y angustia, típicos del existencialismo, que no deben esconder las virtudes de una composición alejada para mi gusto de la majestuosidad y la perfección de la que, en mi modesta opinión, hacen gala muchos de los grandes clásicos -españoles y universales-, pero que consigue captar, desde el principio hasta el final, la atención de cualquier espectador con un mínimo de sensibilidad.

A ello contribuye la notable actuación en conjunto de un elenco muy bien escogido, comenzando por una Cayetana Guillén Cuervo a veces un puntín acelerada en su dicción, pero que consigue dar la talla de sobra en el emotivo tributo rendido a su padre recientemente fallecido, al protagonizar la obra en la que, según dicen, se conocieron sus progenitores, Fernando Guillén y Gemma Cuervo, estrenada en España en 1969 bajo la dirección de Adolfo Marsillach. La excelente réplica de la veterana Julieta Serrano y, en segunda instancia, de Ernesto Arias, deja el terreno preparado para que Lara Grube e incluso Juan Reguilón -el viejo criado que aparece de manera tan sumamente puntual- pongan la guinda interpretativa con sus respectivas aportaciones ya en el epílogo.

Y sobre la puesta en escena, ahí está de nuevo el sello de Eduardo Vasco. Austeridad y frialdad cromática -en la escenografía- y rítmica, acompañada de la música en directo; el estilo típico con el que el director madrileño goza de igual cantidad tanto de admiradores como de detractores. Pero una excesiva sobriedad general que, en esta ocasión, está plenamente justificada ya que, indiscutiblemente, viene al pelo para reflejar el pesimismo, la angustia y la siniestralidad antes aludidos.

Porque El malentendido, como la obra en general de Camus, no es un texto hecho para provocar el entusiasmo y la pasión de las grandes comedias/tragedias barrocas de capa y espada; sino para que el espectador sea capaz no ya de compartir creencias con los existencialistas, sino de llevar a cabo el correspondiente ejercicio psicológico para ponerse en su piel durante hora y media e intentar comprender sus peculiarísimas inquietudes. Y tanto Vasco como los actores no hay duda de que lo consiguen.

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Unas “ansias” muy bien coordinadas


CRÍTICA TEATRAL

OBRA: ANSIA
AUTOR: Sarah Kane (traducción de Marina Sánchez, con la colaboración de Clara Morales)
COMPAÑÍA: ABCM Teatro
REPARTO: Manu Jiménez, Jesús Redondo, Rocío García y Yolanda Garló
DIRECCIÓN: Ruth Rubio y Clara Morales
PRODUCCIÓN: La Cámara Oscura
LUGAR: Sala El Cachorro (Sevilla)
DÍA: 23-2-2013
AFORO: Casi lleno
DURACIÓN: Unos 50 minutos
CALIFICACIÓN: * * * (Sobre 5)

De izquierda a derecha: Manu, Jesús, Yolanda y Rocío; los cuatro jóvenes de ABCM Teatro, en uno de los pasajes de "Ansia".En Ansia, la dramaturga británica Sarah Kane reflexiona sobre la dualidad destino-voluntad, la memoria, el dolor residente en el amor (y el sexo) y el propio amor como forma única de salvación del ser humano. Lo que comienza siendo un encuentro caótico y, en cierta medida, violento, entre los personajes acaba transformándose en un discurso único, una suerte de coro que compone, sirviéndose de las potentes imágenes contenidas en la palabra de Sarah Kane, un solo canto a la libertad del hombre“.

Tomo para explicar el texto, de forma más o menos resumida, parte de la sinopsis incluida en el programa de mano ofrecido por los chicos de ABCM Teatro, un grupo nacido hace año y medio con pretensiones de teatro universitario y que, desde su residencia en Sevilla, poco a poco se va extendiendo también a otros espacios escénicos.

Cuatro jóvenes –Manu Jiménez, Jesús Redondo, Rocío García y Yolanda Garló– que, bajo la dirección de Ruth Rubio y Clara Morales y, como es lógico, unos medios bastante modestos, consiguen mantener de forma casi perfecta el ritmo y la cadencia de la palabra, con muy buena armonía entre los cuatro. Algo que puede parecer muy fácil, pero que no es tan sencillo en un texto de estilo tan caótico de entrada -que no se entienda esto como una crítica negativa, sino como una característica de su poética-, y en el que puede costar algunos minutos comenzar a captar los diferentes trastornos, así como la angustia y soledad que Kane muestra a través de sus personajes.

Por todo ello -además, la entrada es bastante asequible económicamente- creo que merece la pena acudir a ver a estos prometedores muchachos que nos ofrecen otras vías para disfrutar de las artes escénicas más allá de los grandes teatros convencionales; en una época en la que, por desgracia, tanto las salas teatrales como las diferentes producciones alternativas se ven acuciadas por la crisis. Quizás para hoy -segundo y último día en la trianera Sala El Cachorro– vaya a estar algo complicado obtener una localidad merced al reducido aforo del local; pero estoy seguro de que, después de este fin de semana, ABCM Teatro va a conseguir cerrar más actuaciones en éste o en otros lugares.

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Palabra de Millás… y Juan Diego


CRÍTICA TEATRAL

OBRA: LA LENGUA MADRE
AUTOR: Juan José Millás
REPARTO: Juan Diego
DIRECCIÓN: Emilio Hernández
LUGAR: Teatro Lope de Vega (Sevilla)
DÍA: 15-12-2012
AFORO: Algo menos de 3/4 de entrada
DURACIÓN: Una hora y 20 minutos
CALIFICACIÓN: * * * (Sobre 5)

La palabra, esa compañera permanente en nuestras vidas; ese ser etéreo que convive con nosotros desde poco después de amanecer ante el mundo por primera vez hasta que exhalamos nuestro último aliento; ese amigo que, en ocasiones, nos hace ser tan esclavos de él mismo como dueño absoluto de nuestros silencios…

En definitiva, la palabra; presentada y examinada con cariño por JUAN JOSÉ MILLÁS a través de las particulares divagaciones monologadas de un conferenciante que, inmediatamente, empieza a olvidarse de sus papeles y apuntes para compartir con el público una serie de anécdotas y experiencias particulares para terminar denunciando la transformación y manipulación que, quienes dominan el mundo hoy en día, han llevado a cabo de nuestro lenguaje más cercano.

O, lo que es lo mismo, de esa lengua madre que, en palabras del propio Millás, no es sino “el único tesoro que es patrimonio de todos, porque lo hemos construido entre todos. Y eso significa que todos y cada uno de nosotros somos coautores, por ejemplo, de El Quijote; aunque también de los discursos de Nochebuena del Rey. Vaya una cosa por la otra“. La palabra, como protagonista absoluta de la velada.

Y ahí, a modo de perfecto intermediario entre el emisor -el propio autor- y el receptor -el público asistente-, emerge la figura de JUAN DIEGO quien, con su dominio de la escena y de los tiempos, y con su vis cómica no excesivamente explotada pero visible y magistralmente mostrada a lo largo de su carrera cuando ha sido necesario, se convierte en el perfecto expositor y transmisor de las ideas del autor.

A sus 70 años recién cumplidos -el pasado viernes- este paisano aljarafeño de un servidor se encarga simplemente, de la mano de Millás, de hacer pasar un rato más que delicioso al personal. Porque si bien hay pasajes en los que el texto decae hasta volverse algo anodino, no es menos cierto que predominan, con diferencia, los momentos de sutil ingenio y fino sentido del humor no exento de crítica -antes al contrario-, llegando a su clímax en este último aspecto sobre todo con la feroz crítica final a la realidad social, cultural y económica de hoy en día. Siempre a través de y con la palabra como motivo principal de la misma.

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Clara Sanchis, mimetizada en Santa Teresa


CRÍTICA TEATRAL

OBRA: LA LENGUA EN PEDAZOS
AUTOR: Juan Mayorga, a partir del Libro de la Vida de Santa Teresa de Jesús
COMPAÑÍA: La Loca de la Casa
REPARTO: Clara Sanchis y Pedro Miguel Martínez
ESCENOGRAFÍA Y VESTUARIO: Alejandro Andújar
DIRECCIÓN: Juan Mayorga
LUGAR: Corral de Comedias de Almagro (Ciudad Real)
DÍA: 14-7-2012
AFORO: Casi lleno
DURACIÓN: Aproximadamente una hora y cuarto
CALIFICACIÓN: * * * * (Sobre 5)

Cuando el argumento de una historia de entrada te interesa más bien poco -aunque respetas la historia del personaje- pero al final terminas prácticamente enganchándote, quiere decir que la elaboración de por sí de la historia es buena. Y si además pones en escena al elenco adecuado, es inevitable que la obra termine siendo todo un éxito.

Eso es lo que me ocurre con La lengua en pedazos. No es que odie a Santa Teresa de Jesús, ni muchísimo menos; la respeto como a la que más y reconozco su importancia dentro de la historia social, literaria y religiosa de España en la Edad Moderna. Pero he de reconocer que la historia de su vida, por mi manera de ser y de pensar, no me interesa demasiado.

Con esta introducción no pretendo sino darle todavía más valor al montaje y al texto compuesto por Juan Mayorga, en el que se nos presenta de manera casi magistral el diálogo entre una Santa Teresa que, perteneciendo al convento de la Encarnación, había decidido abrir la primera de sus fundaciones, el monasterio de San José; y el Inquisidor que, en pleno Renacimiento, debía velar por el cumplimiento de la moral y las buenas costumbres… y también evitar la blasfemia y la evolución de quien se salía de las normas. Todo con la célebre duda de la monja como clímax.

El marco -el ya mítico Corral de Comedias de Almagro-, inmejorable -aunque las sillas podían ser un pelín más cómodas, sólo un poco-; la escenografía, tan minimalista como justa y necesaria -dos sillas y una mesa con alimentos para preparar más un cuchillo, como en la cocina del convento de la Encarnación-; la acústica, perfecta. Sólo el vestuario era inadecuado, especialmente el de una Santa Teresa muy de andar por casa en el siglo XXI. Algo mejorable, aunque asumible.

Pero nada de eso hubiera valido si los intérpretes no hubiesen dado la talla. Y ahí es donde brilla con luz propia una Clara Sanchis cuya brillante actuación no hace sino confirmar su enorme valía y su tremenda versatilidad como actriz. Clara, pese a verse desprovista del hábito -contra su voluntad, según nos confesaría luego-, se mimetiza dentro del alma de Santa Teresa hasta el punto de parecer ella misma.

Claro que un diálogo, como su propio nombre indica, debe estar formado por dos personas. Y ahí es donde un veterano de la escena como Pedro Miguel Martínez -popular para el “gran público” por sus papeles en series como La casa de los líos, La Señora o Aquí no hay quien viva, pero con una dilatada carrera sobre las tablas- le da a Clara Sanchis la perfecta réplica para conformar, junto a ella, una pareja perfecta.

Entre ambos consiguen algo tremendamente difícil como es mantener la calidad interpretativa durante todos y cada uno de los setenta y cinco minutos de los que se compone el montaje. La expresión oral y gestual; el lenguaje tanto verbal como no verbal aparece aquí como auténtica obra de arte gracias a la combinación de la calidad dramatúrgica de Juan Mayorga y a las excelencias de Sanchis y Martínez, capaces entre todos de llevar con sumo éxito una significativa parte de la vida de Santa Teresa hasta a un absoluto profano en la materia como lo es servidor de ustedes.

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Entrevista con Mercedes de los Reyes sobre el teatro en Sevilla (2007)


(Como todavía estamos en la semana del Día Mundial del Teatro, además del reciente artículo sobre Eduardo Vasco me ha parecido oportuno recuperar la entrevista que, en enero de 2007, me concedió mi ex profesora de la Universidad de Sevilla y especialista en teatro clásico Mercedes de los Reyes, con motivo de un trabajo para la carrera de Periodismo; y que meses más tarde se publicó en el número 24 de la revista sociocultural Tahona, de Almensilla)

Mercedes de los Reyes Peña es profesora titular del departamento de Literatura Española de la Facultad de Filología de la Universidad de Sevilla. Gran especialista en teatro clásico y, sobre todo, en Lope de Vega (cada año imparte en la Facultad la asignatura “La comedia española: ciclo de Lope”), también es, entre otras cosas, coordinadora del SIDCA (Seminario de Investigación de Dramaturgos Clásicos Andaluces) y colaboradora ocasional del boletín trimestral de la Compañía Nacional de Teatro Clásico, con la que mantiene frecuente contacto. Nos hemos puesto en contacto con ella, que ha accedido amablemente a que le realizáramos la entrevista que expondremos a continuación:

En primer lugar, me gustaría que nos diera un panorama general de la situación del teatro, o más bien de la oferta teatral, en nuestra ciudad durante los últimos años.

Bueno, pues como sabes fundamentalmente tenemos dos teatros, uno que es municipal, el Lope de Vega; y otro que depende de la Junta de Andalucía, que es el Teatro Central. Durante algún tiempo, en el Lope de Vega la programación ha sido más de teatro clásico (incluyendo obras del XVIII y el XIX); mientras que en el Teatro Central se estrenan las obras que produce el Centro Andaluz de Teatro (CAT) y también obras de teatro más de vanguardia. Pero en el Lope de Vega eso está cambiando desde que el nuevo director, Antonio Álamo, asume su cargo, ya que desde entonces también se están exponiendo allí más obras de grupos de vanguardia, sin olvidarnos pese a todo de que antes compañías como Els Comediants, Els Joglars, también han venido. Eso sí, cuando hay alguna obra de teatro clásico el Lope de Vega sigue siendo el sitio por antonomasia.

Después hay otras salas alternativas, como por ejemplo La Imperdible, en las que yo no sé ahora mismo qué suele haber, pero hasta hace poco estaba un grupo de enseñanza, Territorio de Nuevos Tiempos, dirigido por Ricardo Iniesta, el cual era una especie de escuela de arte dramático que montaba obras; y también tenemos la producción del Conservatorio como parte de su actividad habitual, así como actividades docentes. Pero no hay más que consultar la prensa y observar la oferta de las salas alternativas para ver que es muy importante. Otra sala importante es La Fundición, situada en el enclave de la Casa de la Moneda, que está apostando por un teatro actual. Leer el resto de la entrada »

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Eduardo Vasco: muchas más luces que sombras en la CNTC


Quien bien me conoce es sabedor del aprecio profesional y personal que le tengo a este gran -y controvertido al mismo tiempo- director escénico que es Eduardo Vasco. No me considero amigo suyo ni mucho menos; pero desde que fuera profesor mío en la UNIA (Universidad Internacional de Andalucía, curso de Dirección Escénica en la Sede “Antonio Machado” de Baeza) en julio de 2006, las pocas veces que nos hemos encontrado -siempre a raíz de alguno de sus trabajos- se ha portado muy bien tanto conmigo como con mis amigos más cercanos. Lo que no me impide, por supuesto, hacerle críticas negativas cuando considero que no hace las cosas bien, pero siempre desde el respeto.

Por eso hoy, día 27 de marzo, Día Mundial del Teatro -o al menos eso dicen-, me parece oportuno realizar un breve compendio de su trayectoria en la Compañía Nacional de Teatro Clásico (de aquí en adelante CNTC), a la que estuvo dirigiendo durante ocho años (2004 a 2011, ambos inclusive) antes de ser sustituido por Helena Pimenta; y de la que se ha despedido, espero y deseo que momentáneamente, con su reciente montaje de El perro del hortelano, de Lope de Vega.

Han pasado ya casi doce años desde aquel Don Juan Tenorio, en coproducción con el Centro Dramático Nacional, que supuso el bautismo de Eduardo en la CNTC. Una versión encabezada por Ginés García Millán y Cristina Pons de la que que no pude llegar a disfrutar, primero porque nunca llegó a Sevilla; y segundo, porque mi relación con el mundo del teatro clásico por aquella época todavía era poco menos que inexistente.

Tuve que esperar hasta 2006, en el curso anteriormente citado, para conocerle y poder empezar a evaluar su labor en la que para mí es la compañía teatral más importante que tenemos en España, y también la más olvidada a la hora de la concesión de los más renombrados galardones. En Baeza analizamos los que en mi opinión son sus dos mejores trabajos: El castigo sin venganza, texto de nuestro “Fénix” particular al que le he terminado profesando un amor incondicional por su gran lirismo y calidad dramática; y Don Gil de las calzas verdes, la divertidísima obra que surgió de la pluma de Tirso de Molina. Desde entonces, no he visto todos sus montajes pero sí muchos de ellos, con lo que me considero perfectamente capacitado para juzgarle profesionalmente.

Recuerdo que meses antes, cuando “El castigo” vino a Sevilla, la crítica local fue feroz con él -lo que me echó para atrás a la hora de decidirme a ir al Lope de Vega-, por el hecho de trasladar la acción de la Italia del XVII a la Italia de Mussolini. Hoy en día, después de haber tenido la ocasión de ver el montaje completo en DVD, sigo sosteniendo que yo no habría hecho eso y que continía chocándome ver vestidos al Duque de Ferrara y compañía con ropajes fascistas; pero no dejo de reconocer que para llevar a cabo un cambio de época tan radical -y razonarlo adecuadamente- hay que tener agallas y personalidad. Por no hablar de que los críticos, en el fondo, se pasaron bastante porque aquel montaje, a excepción de ese detalle, realmente era -y sigue siendo- de notable calidad interpretativa, con unos grandísimos Arturo Querejeta (Duque) y Clara Sanchis (Casandra), especialmente.

El atrevimiento a la hora de situar temporalmente las obras ha sido una de sus cualidades más destacadas; lo que no siempre le ha salido bien, todo hay que decirlo. Otro rasgo personal es su minimalismo escénico que también ha llegado a crear cierta controversia, y que parece haber dejado a un lado en varios de sus últimos trabajos.

Pero, sin duda, el gran legado de Eduardo Vasco en la dirección de la CNTC ha sido la apertura de miras, llevar al teatro español más allá de los Lope, Calderón o Tirso, permitiéndonos descubrir a otros autores menos conocidos, bien a través de sus propios montajes, bien con los montajes de otros directores escénicos gracias a su visto bueno como máximo responsable de la compañía.

Con él como cabeza visible, han llegado a la CNTC nombres como Vélez de Guevara y su “Serrana de la vera“, o el portugués Gil Vicente (cuando Portugal pertenecía a España, en el siglo XVI) con la Tragicomedia de Don Duardos; han regresado otros como Guillén de Castro (excelente El curioso impertinente que pude disfrutar en Niebla, en 2007); se le ha otorgado un destacado espacio a Cervantes (la peculiar comedia La entretenida y una adaptación dramática de su Viaje del Parnaso); y se ha expandido temporalmente el repertorio hasta el XVIII, con los Sainetes de Don Ramón de la Cruz.

Por no hablar de que también con Eduardo se ha creado cantera, gracias a la puesta en marcha, allá por 2007, de la Joven CNTC (heredera de la Escuela de Teatro Clásico puesta en marcha en los inicios de la compañía por Adolfo Marsillach), de donde ha salido la última gran joya interpretativa de nuestras artes escénicas, Eva Rufo.

Aunque no todo ha sido positivo. Sus diferencias de varios tipos con algunos de los trabajadores de la CNTC desembocaron en una huelga allá por mayo de 2010, que posiblemente precipitó su definitiva salida. Desconozco si los huelguistas tenían o no razón en sus revindicaciones, puesto que nunca he estado dentro de la CNTC; si bien es cierto que cuando el río suena… y aquella vez lo hizo con bastante fuerza.

Así pues, son aspectos que no debo entrar a valorar porque puedo meter la pata a base de bien; mi labor se limita a hacer constar lo que ocurrió. En tal caso, creo que si lo ponemos todo en una balanza nos sale, como resultado de todos estos años, una gestión en la que, por lo menos en el plano artístico, ha habido muchas más luces que sombras en el seno de la CNTC. Y de ello el responsable ha sido Eduardo Vasco, a quien ya podemos ver de nuevo en Noviembre Teatro, su compañía reactivada hace escasos meses.

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Notable despedida de Eduardo Vasco de la CNTC

CRÍTICA TEATRAL

OBRA: EL PERRO DEL HORTELANO
AUTOR: Lope de Vega
COMPAÑÍA: Compañía Nacional de Teatro Clásico
REPARTO: Eva Rufo, David Boceta, Joaquín Notario, Isabel Rodes, Pedro Almagro, Alberto Gómez, María Besant, Luisa Martínez, David Lorente, Rafael Ortiz, Miguel Cubero, David Lázaro, José Juan Rodríguez y José Luis Santos.
MÚSICA: Alba Fresno (Viola de Gamba), Sara Águeda (Arpa) y Eduardo Aguirre de Cárcer (Percusión)
ESCENOGRAFÍA: Carolina González
VESTUARIO: Lorenzo Caprile
VERSIÓN Y DIRECCIÓN: Eduardo Vasco
LUGAR: Teatro Lope de Vega (Sevilla)
DÍA: 9-3-2012
AFORO: Casi lleno
DURACIÓN: Unas dos horas
CALIFICACIÓN: * * * * (Sobre 5)

Se puede afirmar, no necesariamente con connotaciones negativas, que Eduardo Vasco no es el que era. Sin dejar los grandes dramas, parece que el director madrileño se está haciendo más prolijo últimamente en comedias y montajes especialmente vistosos y divertidos, como si pretendiera llegar más aún al público, o bien demostrar que es capaz de dominar todos los registros de la dirección escénica. Tal vez haya de todo un poco.

Y precisamente ha elegido una de las comedias más populares de nuestro “Fénix” de los Ingenios para despedirse, esperemos que sólo temporalmente, de las colaboraciones con la Compañía Nacional de Teatro Clásico, una vez abandonado su cargo de director de la misma. El perro del hortelano, la comedia palatina que cuenta la turbulenta relación entre Diana, Condesa de Belflor, y su secretario Teodoro, sita en Nápoles -para burlar las restricciones de la “Santa” Inquisición del siglo XVII- y con el amor de distintas clases sociales de por medio, es uno de los títulos más conocidos de Lope de Vega, aunque para mi gusto un escalón por debajo en cuanto a calidad de El castigo sin venganza, Fuenteovejuna y El caballero de Olmedo.

Como casi cada vez que andan de por medio Vasco y la CNTC, las virtudes del montaje superan en mucho a los defectos; así que comenzaremos por estos últimos para así quitárnoslos de enmedio cuanto antes. El primero de ellos es David Boceta, el actor que interpreta a Teodoro. No es que lo haga fatal, ni mucho menos; pero no da la talla en comparación con sus compañeros de reparto, especialmente con Eva Rufo. Se supone que Teodoro es un personaje que, moviéndose primero por el interés de ascender social y nobiliariamente siendo conde de Belflor, termina enamorándose de Diana; y Boceta en ningún momento da la sensación de experimentar dicha evolución dado que su interpretación, cuando más calidez y emotividad requiere, es tremendamente fría.

Y la segunda nota negativa viene del exagerado tratamiento de chanza que se le da a la aparición del Conde Ludovico, el “padre” de Teodoro -llevado de forma excelente por el veterano José Luis Santos-. La ridiculización de los representantes de las clases nobles -a excepción de Diana- mostrada por Eduardo Vasco funciona muy bien durante toda la obra, como puede verse con el Marqués Ricardo (David Lorente), el Conde Federico (Miguel Cubero) y sus respectivos criados (Rafael Ortiz y David Lázaro); pero una escena como la del viejo Conde Ludovico en la que un padre cree haber encontrado a su hijo debía haber sido tratada de otra forma, más seria y con mucha más emotividad.

Son las dos “pegas” de un montaje que por lo demás, cumple de manera excelente con aquello para lo que ha sido creado: dar a conocer un poco más a Lope y a la parte principal de su obra; y divertir al público con un producto de calidad. ¿Cómo? Pues para empezar, colocando en el reparto a EVA RUFO.

Esta actriz madrileña, dada a conocer hace algunos años en la Joven Compañía Nacional de Teatro Clásico, y a quien pude ver hace algo más de un año en El alcalde de Zalamea como Isabel, la hija de Pedro Crespo, interpretando magistralmente su monólogo en el acto final de la obra de Calderón, literalmente se luce en El perro del hortelano con una actuación en la que combina perfectamente la actitud desdeñosa de Diana con la carga dramática de la condesa enamorada, esa que que es incapaz de mostrar con Teodoro su “partenaire” David Boceta.

Sin duda, la presencia de Eva Rufo supone lo mejor de todo el montaje; aunque sería injusto que eclipsara a otro veterano como Joaquín Notario, capaz de meterse hace meses en la piel de Pedro Crespo y luego, en su siguiente trabajo, pasar perfectamente por el típico criado gracioso de las comedias lopescas -Tristán, en este caso- capaz de ayudar a su amo y de engañar a los demás siempre para sacar beneficios tanto para éste -Teodoro- como para él mismo. Su prestigio como actor escénico queda de manifiesto una vez más.

La música, como prácticamente en la totalidad de los trabajos de Vasco, también está presente de forma muy acertada, combinando el sonido de la viola de gamba (tocada por Alba Fresno) con el arpa (Sara Águeda) y los instrumentos de percusión (Eduardo Aguirre de Cárcer), ubicados al fondo del escenario. Todo ello, además, con una dosis de canto -coral e individual, con Miguel Cubero- que parece haber adoptado el director madrileño para la gran mayoría de sus montajes -tanto en la CNTC como ahora en Noviembre Teatro- desde que exhibiera el calderoniano texto El pintor de su deshonra .

El vestuario, de diez, como suele ocurrir con Lorenzo Caprile; mientras que, escenográficamente hablando, Eduardo Vasco abandona su clásico minimalismo para ofrecernos una destacada variedad de telones, celosías y demás elementos escénicos que, a su manera, contribuyen a que la despedida de Vasco de la CNTC sea, si no clamorosa y sobresaliente, sí al menos notable y próxima a la máxima calificación y consideración, al menos por mi parte.

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Un Shakespeare menor, pero genialmente divertido

CRÍTICA TEATRAL

OBRA: NOCHE DE REYES
AUTOR: William Shakespeare
COMPAÑÍA: Noviembre Teatro
REPARTO: Arturo Querejeta, Fernando Sendino, Beatriz Argüello, José Ramón Iglesias, Daniel Albaladejo, Rebeca Hernández, Maya Reyes, Héctor Carballo, Francesco Carril, Jesús Calvo y Ángel Galán
ADAPTACIÓN MUSICAL: Ángel Galán y Eduardo Vasco
VESTUARIO: Lorenzo Caprile
VERSIÓN: Yolanda Pallín
DIRECCIÓN: Eduardo Vasco
LUGAR: Teatro Lope de Vega (Sevilla)
DÍA: 17-2-2011
AFORO: 3/4 (solamente en patio de butacas)
CALIFICACIÓN: * * * * (Sobre 5)

Eduardo Vasco ha demostrado, una vez más, que sabe dominar cualquier registro y cualquier género teatral. Salvo contadas excepciones, el director madrileño -a quien conozco personalmente desde hace algunos años- suele dotar de una gran calidad a sus montajes, ya sean grandes dramas de honor o comedias concebidas exclusivamente para hacer reír al público, y casi siempre sobre textos considerados no como obras “cumbres” por los críticos literarios.

Y eso es lo que ha vuelto a hacer con este Shakespeare desconocido para
el gran público, en la vuelta a la actividad de su compañía, Noviembre, tras siete años al frente de la Compañía Nacional de Teatro Clásico. Una Noche de reyes concebida por el genio inglés con menor calidad quizás que otros míticos títulos suyos como Romeo y Julieta o Hamlet, pero que en manos de Vasco y su elenco se convierte en un producto que probablemente llegue con mayor facilidad al público que algunos de sus anteriores para la CNTC, pero al que no hay que negar en absoluto sus virtudes, que las tiene y muchas.

Magnífica la forma de combinar la música -con Ángel Galán al piano- con la historia de los dos hermanos mellizos, Viola y Sebastián, que se ven separados por culpa de un naufragio y que por los avatares del destino, terminan por recalar en el mismo lugar por separado, creyendo cada uno de ellos que el otro ha perecido. Un trabajo coral, en el que destaca por encima de las demás la figura de Arturo Querejeta.

El veterano actor, curtido en mil batallas, sorprendió a quien suscribe esta crítica con una nueva faceta, con la que añade a su maestría a la hora de interpretar unas notables cualidades para el canto. Querejeta, junto a sus “compadres” escénicos Fernando Sendino y José Ramón Iglesias -dos veteranos ya de la CNTC, como el propio Querejeta y otros, que ahora acompañan a Eduardo Vasco en Noviembre-, es quien lleva el peso escénico en la mayor parte de la obra. Los tres, con sus respectivos papeles de borrachos algo “tocados del ala”, provocan las risas del público, por ejemplo en escenas como la “serenata” nocturna.

Y la última gran “pata” interpretativa del montaje es Beatriz Argüello en su papel de Viola -o “Cesario”, como cada cual prefiera-, con claras reminiscencias -o al contrario, porque se presume que la fecha de creación de Noche de Reyes es anterior- de la doña Juana de Don Gil de las Calzas Verdes. Argüello, a quien yo ya había visto en 2004 haciendo de doña Inés en El caballero de Olmedo (CNTC), también nos ofrece una notable puesta en escena, sabiendo transmitir el enredo típico de los personajes que, eventualmente, “cambian” de sexo.

Los demás no desentonan, en absoluto. Daniel Albaladejo, otrora protagonista de anteriores montajes para la CNTC, hace bastante bien un papel muy importante en la historia pero de menor cuantía escénica, como el del duque Orsino de Iliria; Rebeca Hernández -la condesa Olivia- protagoniza divertidos “bis a bis” con Beatriz Argüello; mientras que Maya Reyes, como la doncella María, contribuye junto al “trío ebrio” antes señalado a hacerle la vida imposible, como el montaje se merece, al patético y altivo mayordomo Malvolio, a quien en este caso honra magníficamente Héctor Carballo.

Todo con una escenografía de fondo muy al estilo de Eduardo Vasco -es decir, destacadamente minimalista-, el vestuario de Lorenzo Caprile y unas coreografías musicales que, como he comentado en la primera parte de la crítica, forman parte fundamental del éxito de esta Noche de reyes, tanto en la crítica como también entre los espectadores… aunque el pasado viernes no quedara demostrado por la escasa afluencia del Lope de Vega, teniéndose que cerrar casi la totalidad de las zonas para que la principal, el patio de butacas, presentara un aspecto decente.

Antes de terminar, una nota personal. Eduardo, me gustaría darte las gracias por invitarnos -así lo entendimos nosotros- a mis amigos y a mí a pasar para intercambiar algunas palabras con quienes estuvieron sobre las tablas del Lope; pero por desgracia -y no por culpa vuestra, como puedes ver en este artículo- no era el día más adecuado para ello. Te esperamos -al menos artísticamente hablando- de nuevo dentro de tres semanas, con El perro del hortelano.

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